Cerámica de almacenamiento y transporte

La cerámica de almacenaje viene dada por grandes tinajas y orzas de menor tamaño donde guardar sólidos. Los líquidos quedan depositados en cántaros, cuya polivalente función permite la captación del agua, su transporte y almacenamiento.

Formalmente son elementos vasculares de tamaño grande y variable, que pueden contener varios litros de agua en el caso de los cántaros, o de pequeño tamaño como las cantarillas, que llegan a almacenar tan solo medio litro de líquido. Morfológicamente se trata de piezas cerradas con perfil globular, cuello cilíndrico y un asa grande de cinta que une el cuello con la panza, aportando robustez para poder soportar la presión que ejerce el recipiente lleno. En muchas ocasiones aparecen las asas con decoración de puntos o incisiones, que permiten que la pieza no estalle durante la fase de cocción de la misma y le aporta un toque distintivo y decorativo además de una solución técnica, como así se atestigua en ejemplares procedentes del Monasterio de San Benito de Valladolid (Moreda et al. 1991: 115, fig. 5, 1, 2 y 5). Finalmente, su fondo plano, permite dar estabilidad a los pesados recipientes, permitiendo asegurando el esfuerzo invertido en el transporte de agua.