La muerte

El mundo de las creencias suele reflejar a la perfección las mentalidades y los sistemas de valores de una sociedad. El estudio del ámbito funerario nos aporta datos sobre los rituales de enterramiento, el tratamiento que se da a los finados, quienes forman parte de la comunidad y quienes son excluídos, etc. El contexto plenomedieval cristiano produce unas transformaciones entre los ritos altomedievales y las nuevas formas que se emplearán después durante la Baja Edad Media. Y este matiz, queda perfectamente desarrollado en Fuenteungrillo, en cuya zona arqueológica registramos al menos cinco contextos funerarios que han sido identificados a través de la lectura de la pesquisa de 1404 y de otros documentos históricos. La mayoría han podido verificarse arqueológicamente a través de la prospección terrestre y de la excavación estratigráfica, que ha permitido localizar los restos de la iglesia de Santa Coloma, y de las necrópolis de Santa María, y San Pedro, a las que deben sumarse los enterramientos documentados en el patio del castillo, y la que por el momento no está localizada, la iglesia de San Miguel.

El rito de enterramiento empleado para dar sepultura es la inhumación, apareciendo los cuerpos en tumbas remarcadas con lajas de piedra caliza, y cubiertas con una lápida sin inscripciones, del mismo material. Estas fosas debían estar orientadas con la cabeza en el O y los pies en el E, mirando hacia el amanecer, símbolo de la resurrección cristiana y del paso a la vida eterna, ya que como indica el Evangelio “como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del hijo del hombre (Mateo, 24, 27)”. Es decir, con esta disposición se buscaba que la primera visión que tuviese el difunto que volvía a la vida tras la resurrección fuese la imagen de Jesucristo que iba a aparecer por el Este.

El cuerpo del finado sería previamente envuelto en una mortaja de lino blanco, y atado con una cuerda, en ausencia de ataúd, siguiendo el uso de la época. Las tumbas se señalaban con una estela rematada en un círculo con una cruz en su interior, como las que pueden contemplarse en el jardín que hay junto a la iglesia de Santiago, en Villalba de los Alcores o en el Museo de Valladolid (Wattenberg, 1996: 170) y que proceden de Fuenteungrillo. Este rito, contra otros propios de otras culturas y periodos, no conlleva la presencia de ajuares funerarios, siendo tumbas muy pobres de contenido, que en el mejor de los casos pueden contener un rosario (en esta época no son muy utilizados), o una moneda en la cavidad bucal, con la cual el malogrado habría de pagar a Caronte el paso de su alma, a la otra orilla de la laguna Estigia, siendo esta práctica una reminiscencia pagana que la Iglesia intentó erradicar, y que en época bajomedieval ya había desaparecido.